
Mi banda sonora
Música que me acompaña y me permite conectar con espacios oscuros y luminosos en mi día a día.
Hace unas semanas escuchando algunos playlists antiguos que creé en Spotify, me topé con este «Mama Ocllo 2066…», esa es la dirección y el número del departamento donde viví hace casi 20 años y que marca una de las etapas más intensas e importantes de mi vida. Esta lista de canciones reproduce el soundtrack de mi vivir en aquellos años, el estar enamorado, las reuniones con amigos, las risas interminables, el crecimiento laboral, en fin tantas cosas bellas, pero también reproduce mis zonas oscuras, mis noches depresivas, mis comportamientos inmaduros, las malas decisiones y los grandes errores cometidos.
Cada tema refleja un estado de ánimo que evoca aquella convivencia, la alegría ingenua, la esperanza tozuda de mis iniciales treinta, la inmadurez y sus consecuencias, así como la búsqueda de sentido en la vida que me llevan a ser quien soy hoy. Escuchar este playlist es abrir una puerta emocional y regresar a esa cocina, esa sala, esa habitación, esos vecinos y sus anécdotas, a esos sonidos y a esas vivencias que terminaron convirtiéndose en aprendizaje.
Este playlist, es una invitación a reconciliarme con mis propios errores, mis nostalgias, mis logros, así como las personas y los espacios que marcaron mi historia de vida.
“Mis 25 de 2025” son las 25 canciones que marcaron mi año, una especie de diario emocional en forma de lista de reproducción. No son necesariamente los temas que más repetí en su escucha, sino los que más sentido me generaron mientras trabajaba, investigaba, caminaba por la ciudad, pensaba en mis proyectos, leía noticias y/o ordenaba mi vida interior.
El 2025 fue un año complejo, con muchos desafíos y trabajo personal, y como siempre me acompañé de mucha música. En esta lista conviven descubrimientos recientes en bandas y en ritmos, también artistas que me acompañan desde hace años y que espero con ansias ir a algún concierto pronto. La variedad de sonidos creo que resume muy bien mis cambios de ánimo a lo largo de 2025. Hay espacio para la energía, la nostalgia, la calma, el caos y también para esas canciones que me ayudan a mirar hacia adelante cuando las cosas se ponen difíciles.
Aunque el título de “Mis 25 de 2025” es bastante trillado, es una graciosa forma de compartir mi año desde dentro, sin filtros, que dolió, que ilusionó, que celebré, una interesante forma de cerrar un ciclo y proyectar lo que viene. Espero poder mantenerlo el 2026 porque creo que cada año merece tener su propia banda sonora :).
Hace unas semanas, conversé con mi gran amigo Christian Galarreta (a quien mencioné en mi artículo sobre ATATAW). Escucharlo, además de alegrarme, me motivó a explorar nuevamente el trabajo de destacados artistas peruanos y sus proyectos sonoros y musicales.
He tenido la fortuna de conocer a la mayoría de ellos y he podido presenciar la evolución de sus propuestas artísticas. En este contexto, considero fundamental destacar el libro «Perú Avantgarde. El despertar de la vanguardia musical», publicado a finales de 2024. Esta obra recopila ensayos, reseñas y entrevistas publicadas en el blog Perú Avantgarde, que celebraba sus 20 años de existencia, impulsada por la gran pasión y tenacidad que desborda su creador Wilder Gonzáles.
El trabajo de Wilder es relevante porque Perú Avantgarde fue una de las primeras plataformas virtuales dedicadas a la música experimental en el Perú. En este blog se pueden encontrar entrevistas con jóvenes artistas de aquellas épocas, como Raúl Jardín, Gabriel Castillo o Carlos «Carlangas» García, así como diálogos con críticos o periodistas musicales como Helene Ramos y Jhon Pereyra (Hákim de Merv), junto a figuras reconocidas como Simon Reynolds y David Stubbs.
El barrio de Piñonate, ubicado en SMP, es conocido como una de las primeras invasiones urbanas de Lima. Mi relación con ella comienza en la calle 10 de Junio, #724, tercer piso, donde viví mi infancia y juventud. En aquellos años, Piñonate era percibido como uno de los barrios más peligrosos de Lima. Su reputación se debía a la presencia de algunos vecinos involucrados en actividades delictivas, venta de drogas, terrorismo o integrando alguna banda criminal.
No obstante, esa imagen negativa representaba a una minoría. La verdadera esencia del barrio estaba en sus habitantes, migrantes, estudiantes con aspiraciones profesionales, madres solteras trabajadoras, y un grupo diverso de personas que contribuían al desarrollo del país. Lamentablemente, las noticias suelen destacar los aspectos negativos, dejando en segundo plano el espíritu de superación de la comunidad. Al ingresar a secundaria comprendí el estigma que pesaba sobre mi barrio.
En los 80s, Piñonate vibraba con las letras de la música chicha, los huaynos andinos y la salsa brava. Estos estilos musicales simbolizaban la identidad colectiva y la diversidad social del barrio. Comparto una pequeña memoria sonora de aquellos años.
Hubo una época donde leía literatura más que ensayos; en ese contexto me atreví a leer un libro que durante mi juventud fue muy polémico; Los Versos Satánicos de Salman Rushdie, su historia es un viaje brutal por la identidad, la fe y el choque cultural que hay entre el mundo oriental y occidental.
Contado con un estilo lleno de imaginación, mezclando el surrealismo, la fantasía y la realidad, el texto te sacude y te hace reír, al momento que te deja pensando en cosas profundas sobre quiénes somos y cómo cambiamos cuando nos movemos entre mundos distintos.
Recuerdo el impacto de la escena del capítulo inicial escrita con un ritmo casi musical, llena de imágenes delirantes; dos hombres que se transforman, uno en demonio, otro en ángel mientras caen de un avión que explota fruto de un atentado terrorista. Es como si Rushdie te avisara de entrada que aquí las reglas de la realidad van a estar en suspenso.
Es uno de esos libros que incomoda y fascina a la vez, y justo por eso termina siendo una experiencia literaria única.
Pueden leer el libro aquí
En la década de los 80 inició mi amor por el cine. No fue desde las salas oscuras de un cinematógrafo, sino desde la calidez de mi casa. En esos años, la situación política y económica del país hacía difícil que mi familia pudiera asistir al cine con frecuencia. Si la memoria no me falla, habré pisado una sala apenas tres o cuatro veces en aquella década.
Aun así, hubieron canales de televisión que transmitían «joyitas» del cine comercial y que marcaron mi niñez/adolescencia. Gracias a estos programas titulados Cine Millonario o Función Estelar descubrí las comedias juveniles (después llegaron otro tipo de películas), protagonizadas por actores que luego se convertirían en grandes estrellas de Hollywood: John Cusack, Daphne Zuniga, Molly Ringwald, Andrew McCarthy, Amanda Peterson, Robert Downey Jr., entre tantos otros.
Títulos como Say Anything…, The Sure Thing, Pretty in Pink o The Breakfast Club no solo nos dieron historias divertidas (y también cancelables hoy en día, pero disfrutables con distancia crítica), sino también bandas sonoras inolvidables que hoy evocan todo el espíritu de una época. Comparto un pequeño ejemplo de aquel soundtrack que todavía me emociona (>_<)
«Más brillante que el sol: Incursiones en la ficción sónica», es un ensayo publicado en 1998 por Kodwo Eshun, reflexiona sobre la conexión entre la música negra y la ciencia ficción, desde una perspectiva afrofuturista. Explora la evolución de géneros como el jazz, hip-hop, música electrónica y funk, analizando su impacto en la cultura y el arte sonoro.
Lo chévere de este libro es que no habla de música de la forma típica, sino que la convierte en una experiencia, mezcla teoría, cultura negra y ciencia ficción con un estilo poco convencional pero que engancha.
Si disfrutas cuando un libro te saca de la rutina y te hace ver la música como algo mucho más grande que entretenimiento, te va a atrapar.
He intentado que cada canción de este playlist refleje los temas del libro: la experimentación, la improvisación, la fusión de estilos y la evolución de los sonidos desde sus raíces hasta su impacto en la actualidad.
Lee un extracto del libro aquí
La trilogía «Before» de Richard Linklater presenta el amor como un proceso vivo de transformación, donde los personajes evolucionan, dudan y se redefinen. Jesse y Celine exploran enigmas existenciales fundamentales: cómo formamos conexiones profundas, enfrentamos miedos y reconciliamos sueños con realidad; es un viaje emocional honesto que refleja las etapas del amor mediante la metáfora del ciclo solar: el descubrimiento inicial del amanecer, la nostalgia reflexiva del atardecer y los desafíos maduros del anochecer.
Si alguna vez tuvieron una relación larga e intensa, cada película es como ver reflejados esos momentos fugaces: un encuentro inesperado, una conversación que se alarga sin darte cuenta. Desde que vi la primera película, en mis 20s, hasta la última película, en mis 40s, su visionado fue como un retrato emocional que mostraba mi sentir en aquel momento.
Su banda sonora complementa muy bien esta atmósfera íntima, acompañando la evolución de su relación durante casi veinte años.