La fotografía documental ha jugado un papel determinante en la representación del imaginario visual sobre la salud mental. En este pequeño artículo me enfocaré en los estudios pioneros de Jean-Martin Charcot en París hasta algunas representaciones contemporáneas en hospitales psiquiátricos de Lima.
LA ESTIGMATIZACIÓN VISUAL: El Caso de la Histeria

El análisis de Georges Didi-Huberman en el libro «La Invención de la Histeria» resulta fundamental para comprender cómo la imagen fotográfica se convirtió en un instrumento de poder médico y control social. En este estudio seminal, el autor examina las fotografías realizadas en el hospital de la Salpêtrière durante el siglo XIX, bajo la dirección del neurólogo Jean-Martin Charcot (1825 – 1893).
Estas imágenes documentaban los supuestos síntomas de la histeria entre los años 1870 y 1893, presentando a mujeres en estados de aparente éxtasis o sufrimiento extremo. Las fotografías capturaban explosiones emocionales que oscilaban entre la ira y la pasión, entre la burla y la sensualidad, catalogándolas sistemáticamente como manifestaciones patológicas. Esta práctica no solo estigmatizó como enfermedad comportamientos considerados «inapropiados» para las mujeres de la época, sino que estableció un precedente visual que asociaba la feminidad con la inestabilidad menta y un modelo de representación que se expandió globalmente.
LA FOTOGRAFÍA COMO INSTRUMENTO DE PODER
Estas representaciones penalizaban expresiones que en los hombres se consideraban normales o incluso deseables. Por ejemplo, la risa estruendosa era aceptable e incluso celebrada en el comportamiento masculino, mientras que en las mujeres se interpretaba como síntoma de desequilibrio mental. Como resultado, esta doble moral se cristalizó a través de la imagen fotográfica, creando un archivo visual que legitimaba la opresión de género bajo el pretexto científico.
Las condiciones en la Salpêtrière reflejan lo que Michel Foucault describió como los mecanismos de control institucional. Las pacientes no solo sufrían la estigmatización de sus supuestas enfermedades, sino que muchas fueron víctimas de abusos, situación que la fotografía clínica contribuía a normalizar al presentarlas como objetos de estudio antes que como seres humanos con derechos. La fotografía de la Salpêtrière no eran meros documentos, sino herramientas para fijar y objetivar la enfermedad, los «síntomas» no eran solo observados, sino organizados y teatralizados bajo la dirección del médico, convirtiendo a la paciente en un espectáculo y un objeto de poder-saber, es decir, otorgando validez a ciertos conocimientos y desautorizando otros. Así, el poder no es meramente represivo, sino productivo: genera nuevas formas de saber y nuevas categorías de sujetos.
LA TRADICIÓN ESTIGMATIZANTE EN EL PERÚ
En el contexto peruano, la representación de la enfermedad mental ha seguido patrones similares, particularmente desde el ámbito periodístico. El Hospital Víctor Larco Herrera, fundado originalmente como «asilo colonia para alienados», se convirtió en el escenario principal de estas documentaciones y representaciones.

En 1984, el periodista Chema Salcedo empleó técnicas de periodismo encubierto, haciéndose pasar por enfermo de depresión, documentó las condiciones internas del hospital. Su informe «Vida, pasión y muerte de la salud mental en el Perú», publicado en la revista Quehacer y con fotos de Carlos «Chino» Domínguez, revelaron las precarias condiciones institucionales y marcó un precedente en el periodismo de investigación en salud mental en Perú. Su «caracterización» lo describió de la siguiente manera: “Dos días de barba, una pequeña revolución en el orden del pelo, una vestimenta holgada, triste, descuidada, permitieron completar el cuadro. Y una mañana enrumbamos hacia el Hospital Larco Herrera”.
Del mismo modo, el periodista Eloy Jáuregui escribe una crónica titulada «Larco Herrera, viaje al fondo de la locura», publicado en 1987, utilizando la misma técnica de periodista encubierto para ingresar como paciente al hospital. El autor describe su transformación: «Caminé por la Av. Del Ejército. Chompa vieja sin camisa, pantalón de trapeador, zapatillas en la última lona. Jorobado en extremo, tomado de mis propias manos, el pelo hirsuto de mi barba rala y un terror de cojones para el jabón y el agua».
Ambas descripciones de sus caracterizaciones sirvieron para sus objetivos periodísticos, llamar la atención sobre el desamparo que la institución tenía sobre sus pacientes, pero al mismo tiempo reforzaba estereotipos sobre como era la apariencia física de las personas con enfermedad mental. Las fotografías que acompañaban ambos reportaje perpetuaban la imagen del «loco» como un ser marginal, desprovisto de dignidad y humanidad básicas.
«LA NAVE DEL OLVIDO» DE ROBERTO HUARCAYA
El trabajo de Roberto Huarcaya «La Nave del Olvido» (1994) representa un momento crucial en la representación visual de la enfermedad mental en el Perú. Durante nueve meses, el artista documentó la vida en el Hospital Larco Herrera a través de 40 fotografías que introducen una perspectiva más compleja y reflexiva.
Huarcaya describe su proceso de trabajo en el interior del hospital de la siguiente manera: «Ubicándome en los distintos pabellones, esperaba que ellos iniciaran los primeros contactos. Luego introduje el equipo (cámara de formato grande 4×5 pulgadas) para que se fueran familiarizando con él, jugando ellos a fotografiarme. Recién en ese momento les planteaba el proyecto y los que querían ser fotografiados escogían el día, lugar, hora, vestimenta, actitud, etc., decisiones que los anticipaban imaginariamente a la construcción de la imagen que ellos querían o podían proyectar-retratar de sí mismos.»

Huarcaya emplea estrategias compositivas que enfatizan el aislamiento y la vulnerabilidad, camas descuidadas, pisos cuadriculados que generan tensión visual, y retratos que sitúan al paciente en el centro de composiciones dramáticas. Sin embargo, su aproximación artística permite una lectura más matizada.
La serie incide en la soledad institucional, documentando no solo a los pacientes sino también las condiciones estructurales que perpetúan su marginación. De este modo, los elementos arquitectónicos se convierten en metáforas visuales del confinamiento y la deshumanización sistemática.

UNA REPRESENTACIÓN ÉTICA Y HUMANIZADORA
La evolución de la representación fotográfica de la salud mental requirió, a través de los años, de un cambio paradigmático que priorice la dignidad y la agencia de las personas afectadas. Mi intención en este artículo es evidenciar estos puntos cuando hablamos de fotografía documental en la actualidad:
Participación activa: Involucrar a las personas con experiencia vivida en la creación de sus narrativas visuales.
Contexto histórico: Reconocer y cuestionar las tradiciones representacionales heredadas.
Complejidad narrativa: Alejarse de representaciones unidimensionales que reducen la experiencia humana a estereotipos.
Responsabilidad ética: Considerar el impacto de las imágenes en la perpetuación o desmantelamiento de estigmas sociales.
La fotografía documental, así como otras artes, tienen la oportunidad de revertir décadas de representaciones problemáticas, construyendo nuevos imaginarios que reconozcan la plena humanidad de las personas. En definitiva, este cambio enriquece nuestra comprensión colectiva sobre la diversidad de la experiencia humana.
Preguntas FAQ sugeridas para este artículo
¿Cómo ha representado la fotografía documental la enfermedad mental?
La fotografía documental ha oscilado entre la estigmatización y la humanización. Desde las fotografías clínicas de Charcot en la Salpêtrière en el siglo XIX, que teatralizaban los síntomas como espectáculo médico, hasta trabajos contemporáneos como «La Nave del Olvido» de Roberto Huarcaya, que devuelve agencia y dignidad a las personas retratadas.
¿Qué es «La Nave del Olvido» de Roberto Huarcaya?
Es una serie fotográfica documental realizada entre 1993 y 1994 en el Hospital Víctor Larco Herrera de Lima, Perú. Compuesta por 40 fotografías, es considerada un hito en la representación ética de la salud mental en el país porque involucró activamente a los pacientes en la construcción de sus propias imágenes.
¿Qué relación tiene Michel Foucault con la representación fotográfica de la locura?
Foucault describió los mecanismos de control institucional que convirtieron a los pacientes psiquiátricos en objetos de poder-saber. La fotografía clínica del siglo XIX operó exactamente bajo esa lógica: no solo documentaba, sino que producía y legitimaba categorías de enfermedad, convirtiendo a las pacientes en espectáculo científico.
Bibliografía
Iconographie photographique de la Salpêtrière Volumen 2 (1877)
Didi-Huberman, Georges – La Invención de la Histeria: Charcot y la Iconografía Fotográfica de la Salpêtrière (1982)
Foucault, Michel – Historia de la Locura en la Época Clásica (1961)
Tagg, John – El Peso de la Representación: Ensayos sobre fotografías e historias (1988)
Sontag, Susan – Sobre la Fotografía (1977)
Juan Gargurevich – Yo fui loco. Entrevista a José María Salcedo (2016)
Eloy Jauregui – Viaje al fondo de la locura (2019)

