En el año 2000, con una antigua cámara analógica, inicié la captura de una serie íntima que documentaría momentos cotidianos de una vida en pareja; la mirada desde la ventana de la habitación, el desayuno de la mañana, una libreta con apuntes del aprendizaje de un nuevo idioma, la puerta de un vecino, entre otros.
Años después, estas fotografías reveladas se transformaron en material de investigación artística para explorar el desmantelamiento de los recuerdos afectivos. Lo que comenzó como documentación personal evolucionó hacia una propuesta de arte que interroga la naturaleza misma de la memoria visual.
«Ouf-ça y est». Laboratorio de memoria afectiva.
Recordar es siempre reconstruir. Las intervenciones en las fotografías pretendían alterar la imagen del pasado registrado. Cada gesto que borra, mancha o descompone la imagen replica los mecanismos del recuerdo – nunca fiel, siempre transformativo.
Las imágenes casi completamente borradas no pretendían destruir el recuerdo, sino transformar su modo de presencia, planteando nuevas formas de visionarlas y preservarlas.
«Ouf-ça y est» (Ufff, eso es todo) -expresión que combina francés y español – evoca esa sensación de alivio y conclusión que surge tras un proceso de elaboración emocional. La serie se constituyó como un «laboratorio de la memoria afectiva», un espacio ritual que permitió revisitar los momentos originales de captura con una nueva perspectiva temporal. Cada gesto trabajado entre químicos y pinceles es destrucción y creación, olvido y recuerdo, pérdida y recuperación.









